Hace algunos días, en un artículo publicado por diversos medios periodísticos, celebramos
la noticia de que los productores bovinos argentinos se preparaban para su primera
exportación de ganado en pie tras la derogación del antiguo decreto N° 322 de 1973. La
medida, impulsada por el actual gobierno Argentino para desregular el comercio y promover
la libre circulación de bienes, abría una oportunidad inmensa en un mercado de gran
relevancia como el de Türkiye, el segundo mayor importador global de ganado. Sin
embargo, el camino aún no se encuentra allanado. Para consolidar este flujo comercial
deben aún superarse una serie de trabas técnicas y sanitarias que requieren una
resolución urgente para que la oportunidad no se diluya.
El principal obstáculo, y el más complejo, radica en el estatus sanitario de Argentina frente a
la fiebre aftosa. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) reconoce al país
como libre de aftosa, pero con dos zonas diferenciadas: la Patagonia, libre sin vacunación, y
el resto del territorio (centro-norte), libre con vacunación. El problema surge porque el 97%
del rodeo argentino se encuentra en la zona que vacuna, mientras que Türkiye,
históricamente, ha sido muy estricta y ha aplicado restricciones a la importación desde
regiones con este estatus. Cabe señalar que esta no es una cuestión menor. Ya que,
además de la escasez de animales, los productores patagónicos están orientados solo a
abastecer el consumo interno y no muestran interés en la exportación.
Mientras tanto, Türkiye ha endurecido su legislación sanitaria después de 2011, alineándose
con normativas europeas, lo que implica condiciones más exigentes a las compras desde la
Argentina en comparación a las provenientes de otros países que cuentan con acuerdos
previos a esa fecha, como Uruguay y Brasil.
A este desafío sanitario se suman otros menores de carácter técnico y burocrático. En
primer lugar, para poder exportar, es indispensable contar con un Certificado Veterinario
Internacional (CVI) bilateralmente acordado, y actualmente no existe uno activo entre
Argentina y Türkiye para bovinos en pie. Sin este documento, que debe contemplar todas
las exigencias sanitarias del país de destino, ninguna operación es viable.
Otro requisito no menor es la trazabilidad. Las autoridades turcas, consideran como una
deficiencia que el ganado argentino se identifique por rebaño y no de forma individual.
Türkiye exige la marcación individual de cada animal, y aunque Argentina planea iniciar
la identificación electrónica individual a partir de 2026, esta brecha representa todavía una
barrera a levantar.
Finalmente, el propio mercado turco presenta una dinámica comercial particular. Si bien la
demanda es enorme y sostenida por razones culturales y religiosas vinculadas a la carne
Halal, el gobierno gestiona las importaciones a través de cupos y aranceles. Para 2024, se
estableció un cupo de importación de 600.000 cabezas de ganado para engorde, cuya
gestión fue centralizada en la Junta de Carnes y Leche (ESK), una entidad estatal. Esto
significa que los productores turcos no eligen directamente los animales, sino que es la ESK
quien los selecciona y distribuye, priorizando a menudo fuentes de menor costo como Brasil
y Uruguay.
Mientras Argentina enfrenta estos desafíos, sus vecinos ya son actores consolidados en
este mercado. Uruguay, que exporta ganado en pie desde 2010, tiene a Türkiye como su
principal destino y compite con una genética de alta calidad que justifica sus precios. Brasil,
por su parte, ha duplicado sus exportaciones y se proyecta como un jugador clave.
Sabemos que tanto las autoridades sanitarias argentinas como las turcas se encuentran
trabajando para superar estas barreras. Asimismo, desde la Cámara de Comercio
Argentino Turca, acompañamos el esfuerzo realizando reuniones con productores
argentinos, y empresarios exportadores turcos, creando los vínculos necesarios para que
ambos países puedan superar estas barreras.
La perspectiva de habilitar el comercio de ganado en pie desde todas las zonas del país es
un escenario posible en el corto y mediano plazo. Estamos convencidos de que Argentina
puede competir y consolidarse como un proveedor confiable para Türkiye. La resolución de
los protocolos sanitarios, la definición del CVI y un acuerdo sobre la trazabilidad son los
pasos ineludibles para convertir el optimismo inicial en un flujo comercial concreto y
beneficioso para ambas naciones.
Los autores son presidente y secretario general, respectivamente, de la Cámara de
Comercio Argentino Turca

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